02
- 3º Congresso da FAMHA
Federação das Associações Médicas
Homeopáticas Argentinas- realizado em Buenos Aires no período
de 25 à 28 de Outubro de 2000 - mesa redonda "Fracasos
con Homeopatia" apresentada neste congresso.
Si
la tarea del médico es restablecer la salud de los enfermos,
y si la salud es el hipotético estado descrito en el parágrafo
9, debemos admitir que el éxito en esta tarea, en el mejor
de los casos, sólo suele ser parcial.
Hablamos
de fracaso, cuando no alcanzamos el objetivo de curar al paciente.
Hablamos de fracaso total, cuando el paciente no obtiene ningún
beneficio, o cuando, incluso, sale perjudicado a consecuencia del
tratamiento, ya sea por supresión, o por no haber podido
deterner el avance inexorable de la enfermedad.
Hablamos
de fracaso parcial, cuando el paciente obtiene algún benefício
del tratamiento, pero no llega a conseguir el ideal descrito en
el parágrafo 9. En el mejor de los casos, y aun cuando se
trate de éxitos resonantes, estrictamente hablando, se trataria
de fracasos parciais. De modo que el tema de esta mesa redonda está
estrechisimamente relacionado com la labor diaria del homeopata.
01)-
Errores del médico:
Estrictamente
hablando, el médico se equivoca siempre, tanto en la elección
del medicamento, (pues como ya dije en outra oportunidad, nunca
prescribe el simillimum), como en la elección de la dinamización,
porque no hay forma cierta de saber cual es lá adecuada para
cada caso; y tambien se equivoca enla frecuencia de administracion,
por la misma causa.
Ante
este planteo tan desalentador, y aparentemente hasta nihilista,
cabe preguntarse como es que los pacientes igual obtienen algun
beneficio. Y es que, afortunadamente, tanto la medicina en general
como la homeopatia en particular, no son ciencias exactas. Entonces,
sucede que el paciente se puede beneficiar com um medicamento similar
administrado en una dinamizacion no ideal, y com una frecuencia
que seguramente no es la óptima.
Pero
si todas estas dificultades pueden surgir ante la primera prescripción,
el peligro de fracasar se multiplica en el momento de hacer la segunda
prescripción: porque a todas las dificuldades enunciadas,
hay que agregarle otra más, desde el momento en que el médico
se encuentra frente a una disyuntiva adicional: Hay que seguir com
el mismo medicamento, o hay que camiarlo? Y en este caso, por cuál?
Personalmente, creo que muchos fracasos en los tratamientos, se
deben a errores cometidos en la segunda prescriptión.
Pero
hay más errores atribuibles al médico. Puede ser que
tras vários intentos, el homeopata admita que no há
curado al paciente. Puede entonces, loablemente, derivarlo a otro
colega, o puede cometer un grave error: por no poder admitir sus
propias limitaciones, se las endilga a la homeopatia, y le dice
al paceinte: "Señor, lo lamento, pero la homeopatia
no es para Ud.", privandolo de la posiblidad de probar com
otro médico.
02)-
Errores de la doctrina:
Efectivamente,
la doctrina homeopática está plagada de errores y
contradicciones, que surgen claramente cuando leemos a Hahnemann
y a sus seguidores. Sin embargo, muchos de estos errores pueden
salvarse satisfactoriamente si analizamos estos escritos, tratando
de no apartarnos del espiritu de la doctrina. Admito, sin embargo,
que es facil enunciar esta propuesta, pero muy dificil llevarla
a la practica, a un nivel que sea claro e indiscutible para todos
los homeopatas.
03)-
Errores de la Matéria Médica:
Efectivamente,
es real que hay una falta de medicamentos que se adapten a cada
uno de los pacientes, pero no solamente cuando se trate de incurables.
También puede ser que un paciente, teoricamente curable,
no se cure ni siqueira de sus molestas cefaleas, por falta de um
medicamento adecuado.
Esta
falta de medicamentos puede ser parcial o absoluta. Es parcial,
cuando el medicamento figura en nuestra Materia Medica, pero: o
no tiene patogenesia (por ej., Ampelopsis), o si la tiene, es incompleta
(por ej., Apium graveolens), ya sea porque se hizo con pocos experimentadores,
o si no fueron pocos, quizás no fueron suficientemente sensibles
para esa substancia, o porque se hizo com dinamizaciones demasiado
bajas.
La
falta es absoluta, cuando el posible medicamento: ni figura en la
Materia Medica, ni nunca fue dinamizado.
04)-
Caso de las enfermedades lesionales irreversibles.
Aqui
tambien corresponde hacer el distingo entre las que son irremediablemente
irreversibles, y las que creemos que son irremediabelmente irreversibles...
hasta que encontramos un medicamento razonablemente adecuado. O
hasta que se demuestre que el criterio que creiamos solidamente
sustentado, debe ser cambiado: y asi, una afección que teníamos
catalogada como "incurable", puede pasar a ser "curable".
(Ej.: infarto; regeneración de neuronas en el SNC).
05)-
La parte del paciente.
En
todo tratamiento médico, debemos considerar los papeles que
juegan tanto el paciente como el médico. Hay situaciones
donde la parte del paciente es total y absolutamente pasiva: tal
es el caso de un paciente com un accidente vascular cerebral, en
estado de coma, que es llevado para su atencion a una guardia medica.
El paciente es asistido, y no tiene ni las más mínima
posiblidad de elegir nada. Pero este es un caso extremo, porque
normalmente, el paciente si cumple un papel preponderante en el
tratamiento, que debe comenzar com un razonable grado de compromiso
personal. Y una forma de hacerlo efectivo, es solicitando el mismo
el turno para se atendido. (Es claro que si se trata de un niño,
esta responsabilidad la asumen los padres.) Esta es una norma que,
personalmente, hago cumplir a todos los que vengan a mi consultorio.
Por que? La experiência enseña. Me pasó una
vez, que un entusiasta paciente homeopático me rogó
que atendiera urgentemente a un amigo suyo, por primera vez, y en
su domicio. Alla fui, y cuando llegué y pregunté por
el, la respuesta - a través de la puerta apenas entreabierta
- fue: " Ah, disculpe! Pero Fulano dicidió llamar al
Dr. Mengano, médico alópata, que lo acaba de atender..."
Pero
supongamos que el paciente, por su propia voluntad y elección,
haga su primera consulta com nosotros. Puede pasar, como también
me há sucedido, que nunca llegue a tomar el medicamento.
Por que? " La sola idea de que me pudiera volver a aparecer
esa erupción que tuve en la cara, me resulta insoportable"
fue la explicación que dio una paciente, que nunca más
volvió a la consulta.
Y están
los que dan un paso más: toman el medicamento homeopático,
y cuando aparece la ardiente cistitis de retorno, recurren al antibiótico,
"porque, Doctor, no lo pude soportar, era mucho sufrimiento".
Engrosan
la lista aquellos que no se animan, por ejemplo, ni siquiera a disminuir
las dosis de anioliticos que toman, "porque sin estos no pueden
vivir"
Quienes
se aferran a hábitos de vida insalubres (que van desde un
ritmo de vida demasiado sedentario, pasando por la adicion a drogas
de distinto tipo), también obstaculizan el éxito del
tratamiento.
Por
ultimo, vuelvo nuevamente a algo que corresponde al error del médico,
y aunque es tema del primer punto, deliberadamente lo dejé
para el final, por lo espinoso del tema. Me refiero a la actitud
del homeopata que no deja lugar a la intervención de otros
profesionales: ya sean del arte de curar, o directamente ajenos
al mismo. Personalmente, he derivado pacientes para completar el
tratamiento - CUANDO LAS CIRCUNSTANCIAS ASI LO REQUIEREN - tanto
a colegas alópatas, como a psicólogos e incluso a
directores espirituales, que pueden ser religiosos (curas, rabinos,
etc.), o no.
Digo
que es un tema espinoso, porque no se trata de derivar de esta manera
a todos os pacientes: porque el homeopata no debe resignar ni ½
mm. del terreno que a el si le compete. Es obvio que, de la misma
manera que evitará recetar aspirina para la fiebre, tampoco
recurrirá al consejo del urólogo cuando reaparezca
la dolorosa cistitis, que el paciente califica de "insoportable".
Esto, en princípio, sigue siendo responsabilidad del homeopata,
y entiendo que no debe resignar la condución del caso.
Corresponde
hacer el dintingo entre una situación dificil, pero que nosotros
desde la homeopatia podemos resolver, y la situación dificil
o comprometida que nos excede. Y no solo que nos excede, sino que
pone en peligro la vida del paciente, o su integridad física,
o su integridad espiritual. En suma, poder ejercer plenamente el
dificil arte de darle a cada cual lo suyo.